Catedral de Tudela (Navarra)


Tudela fue una próspera ciudad musulmana hasta la reconquista cristiana en 1119 por Alfonso I "El Batallador". El hecho de haber sido tardíamente reconquistada no impidió que en la ciudad se edificaran numerosos templos románicos románicos tardíos de gran importancia. Algunos de ellos han llegado hasta nosotros.
  
Por un lado tenemos la iglesia de la Magdalena, con magnífica portada y torre. La de San Nicolás de Bari también es rica de escultura monumental, en concreto en el tímpano incrustado en sus muros.
La catedral de Santa María se comenzó a construir en el año 1180 sobre la mezquita mayor de Tudela. Inicialmente sirvió como colegiata, pasando a ser catedral cuando en el siglo XIII Tudela se segregó de la diócesis de la vecina Tarazona.

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La catedral de Tudela tiene planta plenamente románica aunque el alzado se puede considerar gótico. Interesan las tres portadas. Tanto la meridional como septentrional son tardorrománicas.
La meridional es de arquivoltas de medio punto de riquísima decoración geométrica, incluyendo un hermoso zigzagueado. Los capiteles muestran escenas de la vida de los Apóstoles.
La puerta norte tiene arquivoltas ya apuntadas y sus capiteles también son historiados.



Por último citamos aquí la portada más conocida de la catedral de Tudela. Nos referimos a la "Puerta del Juicio", situada en la fachada occidental. Es de estilo muy tardío y prácticamente gótica.
Es de una gran monumentalidad y se articula mediante ocho amplias arquivoltas apuntadas repletas de escenas orientadas siguiendo la dirección de la arquivolta (al estilo gótico).

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En ella se narran los premios a los justos y los castigos a los pecadores tras el Juicio Final. Un turista curioso bien puede consumir media mañana en deleitarse con las escenas esculpidas, plenas de imaginación medieval, sobre el infierno y los demonios que habitan en él, atormentando a los condenados.
El claustro es una construcción soberbia de planta rectangular con arcos de medio punto sobre columnas pareadas de grandes capiteles.


Las escenas talladas son de gran realismo sin perder todo el hieratismo simbólico románico. Con rostros y pliegues detallistas. Aunque se observan ligeras diferencias en las manos que esculpieron los distintos capiteles, es evidente una gran uniformidad de estilo, lo que nos habla de un taller de escultores único y bien cohesionado artísticamente.


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